Lençóis Maranhenses: guía para fotografiar el desierto de las mil lagunas
Hay paisajes que cuesta creer aunque los tengas delante. Los Lençóis Maranhenses son uno de ellos: un campo de dunas blancas en el noreste de Brasil que, cada año, se llena de miles de lagunas de agua dulce turquesa. No es un espejismo ni un montaje de Photoshop. Es el mayor sistema de campos de dunas del hemisferio sur y, desde 2024, Patrimonio Mundial de la UNESCO.
Acabamos de volver de allí con una de las series de paisaje más surrealistas que hemos fotografiado nunca. Esta guía reúne lo que aprendimos sobre el terreno y lo que dicen las fuentes oficiales —la ficha del bien en la UNESCO y el ICMBio, el organismo que gestiona el parque— para que puedas planificar el tuyo: qué son exactamente estas dunas, cuándo hay lagunas y cuándo no, cómo llegar, qué equipo llevar y qué permisos necesitas si piensas volar un dron.

Qué son los Lençóis Maranhenses (y por qué no son un desierto)
Lençóis significa “sábanas” en portugués, y desde el aire se entiende por qué: las dunas se encadenan en pliegues blancos que parecen una cama recién deshecha. El Parque Nacional dos Lençóis Maranhenses fue creado en 1981 por el Decreto nº 86.060 y protege 156.608 hectáreas de dunas, lagunas, manglares y restinga en el estado de Maranhão, según los datos del ICMBio.
La primera corrección que conviene hacer es de vocabulario: pese al apodo popular, los Lençóis no son técnicamente un desierto. Aquí llueve mucho —muchísimo más que en cualquier desierto— y precisamente esa lluvia es lo que crea las lagunas. Lo que hay es un campo de dunas costero alimentado por la arena que los ríos arrastran al Atlántico y que el viento devuelve tierra adentro.
Los números que da la UNESCO ayudan a dimensionarlo: el sistema se extiende a lo largo de unos 80 kilómetros de costa, con dunas barjanas que alcanzan los 30 metros de altura y que migran hacia el interior a un ritmo de entre 4 y 25 metros al año. Es decir, el paisaje que fotografiamos literalmente no estaba ahí hace unos años y no estará dentro de otros tantos. Para un fotógrafo de paisaje, eso es oro puro.

Por qué se llenan de lagunas
Este es el dato que más cambia la forma de planificar el viaje: las lagunas se forman exclusivamente con agua de lluvia, no con agua de río ni de mar. La lluvia se acumula en las depresiones que quedan entre cadena y cadena de dunas y, al encontrar una capa impermeable bajo la arena, no se filtra: se queda en superficie formando lagunas de agua dulce, transparentes y sorprendentemente cálidas.
De ahí se deducen dos consecuencias prácticas. La primera es que hay lagunas solo unos meses al año, y el resto del tiempo el paisaje es de arena seca. La segunda es que ninguna laguna se repite: como las dunas se desplazan, cada temporada de lluvias dibuja un mapa nuevo de espejos de agua. Nadie —ni los guías locales— puede garantizarte que la laguna que viste en una foto siga existiendo el año que vayas.
Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 2024
En julio de 2024, el Comité del Patrimonio Mundial inscribió el Parque Nacional dos Lençóis Maranhenses en la Lista del Patrimonio Mundial como bien natural, con una superficie inscrita de 156.562 hectáreas. La declaración se apoya en dos criterios: el (vii), por su belleza natural excepcional, y el (viii), por su valor geológico como uno de los mejores y mayores ejemplos de formación de dunas costeras del Cuaternario.
La UNESCO destaca además la biodiversidad asociada: más de 40.000 hectáreas de restinga, junto a manglares y ecosistemas marinos, en una zona de transición entre el Cerrado, la Caatinga y la Amazonía. Es un ecosistema de aspecto vacío que en realidad está lleno de vida especializada.

De enero a mayo: temporada de lluvias
Es cuando el agua cae y las lagunas se llenan, con máximos de precipitación en marzo y abril (por encima de los 300 mm mensuales). El paisaje se está creando, pero el tiempo es inestable, hay cielos cubiertos y los accesos se complican. No es la mejor época para fotografiar, aunque sí la más dramática en cuanto a nubes.

Cómo fotografiar los Lençóis Maranhenses
Las dos ventanas de luz
Aquí la jornada se organiza en torno a dos momentos: amanecer y atardecer. Con el sol bajo, la arena se enciende en dorados y ocres, las crestas dibujan líneas limpias y las lagunas se convierten en espejos perfectos. En las horas centrales, en cambio, el blanco de la arena rebota una luz durísima que aplana el relieve y deja las lagunas sin color.
Merece la pena quedarse también después del atardecer: la ausencia casi total de contaminación lumínica hace de los Lençóis un lugar extraordinario para fotografía nocturna, con la Vía Láctea reflejada sobre las lagunas.
Equipo: qué llevar y qué dejar en casa
- Gran angular (16-35 mm o equivalente) para las composiciones que integran duna, laguna y cielo.
- Teleobjetivo corto o medio (70-200 mm): imprescindible para comprimir las capas de dunas y aislar las curvas de arena. Es el objetivo que más usamos aquí, por delante del gran angular.
- Trípode ligero, sobre todo para el trabajo de nocturna y las horas azules.
- Filtro polarizador, para controlar el reflejo del agua y decidir si quieres espejo o transparencia.
- Protección contra la arena: bolsas estancas, fundas y paños de microfibra. La arena de los Lençóis es finísima y se cuela por todas partes. Evita cambiar de objetivo con viento.
- Agua, gorra y protección solar. No hay sombra en las dunas. Ninguna.
Composición: buscar el detalle antes que el récord
La tentación inicial es intentar abarcarlo todo, y el resultado suele ser una imagen plana en la que no se entiende la escala. Funciona mucho mejor lo contrario: buscar una curva, un reflejo, una figura humana diminuta sobre la cresta que dé referencia de tamaño. La repetición de formas —dunas, sombras, lagunas alineadas— es el gran recurso gráfico de este lugar.
Drones y fotografía comercial: revisa los permisos
Un punto que muchos viajeros pasan por alto: al tratarse de un parque nacional, el uso de drones, la fotografía comercial y los proyectos de investigación requieren autorización previa del ICMBio, tramitada a través de los sistemas federales correspondientes. Si tu viaje tiene un fin profesional o quieres volar un dron, infórmate y solicita el permiso con antelación: no es un trámite que se resuelva sobre la marcha.

Viajar despacio, pisar ligero
Un ecosistema tan frágil y tan cambiante solo admite una forma de visita. Nos movimos en 4×4 con conductores locales, dormimos en alojamientos de la zona, contratamos guías del lugar y dejamos las dunas exactamente como las encontramos. Nada de bañarse con cremas solares recién aplicadas en las lagunas, nada de residuos, nada de salirse de los recorridos autorizados.
Es también la única manera de que el beneficio del turismo se quede en Barreirinhas, en Santo Amaro y en Atins, y no se evapore camino de otro sitio. Puedes leer cómo aplicamos este enfoque a todos nuestros viajes en nuestra página de sostenibilidad y en nuestro manifiesto.
Lo que no salió bien en nuestro primer viaje
Y aquí toca ser honestos, porque este fue nuestro primer viaje a los Lençóis y, como todo primer viaje a un destino nuevo, fue tanto una expedición como una exploración. La agencia local que contratamos es muy buena en lo suyo. El problema es que lo suyo es el turismo, y nosotros no somos turistas: somos fotógrafos. Insistimos desde el principio en nuestro timing, en nuestras luces y en nuestra forma de trabajar, pero la logística de la zona es complicada y no terminó de encajar con lo que necesitábamos.
A eso se sumó el viento. Mucho viento. Y la combinación de las dos cosas —una logística pensada para visitantes al uso y unas condiciones exigentes— hizo que algunos de los viajeros que nos acompañaban no vivieran el viaje que esperaban. No fue nada insalvable, pero fue real, y desde aquí les pido disculpas. Sin nombrar a nadie, pero sabiendo perfectamente a quién me dirijo.
Podríamos no contarlo. Un blog de empresa está para enseñar lo que sale bien. Pero creo que es de ley, y además forma parte de lo que intentamos transmitir aquí: cuando abres un destino nuevo, el primer viaje es siempre reconocimiento del terreno, y el reconocimiento del terreno a veces sale torcido.
La parte buena es que ese viaje nos dejó exactamente lo que necesitábamos para el siguiente. Ahora tenemos los contactos, sabemos dónde y a qué hora hay que estar, tenemos localizados los puntos para fotografiar aves endémicas y trabajamos con chóferes locales con permiso para acceder a las zonas más remotas del parque. La próxima vez que volvamos, volveremos con la logística fotográfica resuelta.
Fotografía este paisaje con nosotros
En Zero Expeditions diseñamos expediciones fotográficas en grupos reducidos, con guías locales y tiempos pensados para la luz, no para el calendario. Si quieres fotografiar los Lençóis Maranhenses con nosotros, escríbenos y te contamos cuándo volvemos y cómo se organiza el viaje.
Mientras tanto, si te interesan Brasil y los paisajes extremos, echa un vistazo a nuestra expedición al Pantanal, al Salar de Uyuni o al desierto de Utah. Puedes ver todas nuestras salidas en la página de expediciones.