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| FECHAS | DISPONIBILIDAD | PRECIO | PLAZAS | |
|---|---|---|---|---|
| abril 1, 2027 - abril 9, 2027 | Disponible | 3.340,00€ |
8 disponibles
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El Salar de Uyuni, en Bolivia, es el mayor desierto de sal del planeta, con una superficie de 10.582 km² y una altitud media de 3.656 metros. Se formó tras la evaporación de antiguos lagos prehistóricos como el Lago Minchin y el Lago Tauca, dejando una costra de sal de hasta 10 metros de espesor. Su superficie, una de las más planas de la Tierra, presenta variaciones inferiores a un metro en toda su extensión, lo que lo convierte en referencia para la calibración de satélites. En temporada de lluvias, una fina lámina de agua transforma el salar en un espejo perfecto; en seco, aparecen los característicos polígonos de sal formados por la cristalización.
Pero más allá de los datos, el Salar de Uyuni es uno de esos lugares que hay que vivir al menos una vez en la vida. No solo por su inmensidad o su misterio, sino por la sensación de vacío absoluto: sin referencias en el horizonte, mires donde mires, solo sal. El silencio, la escala y la luz generan una experiencia difícil de explicar incluso con imágenes.
Esta expedición no busca simplemente recorrerlo, sino interpretarlo fotográficamente desde dentro. Durante varios días lo atravesaremos en vehículos 4×4, trabajando en grupos reducidos de cuatro personas por coche para maximizar la comodidad y la flexibilidad en cada localización.
Operamos sobre el terreno con los mismos chóferes y guías locales con los que llevamos más de cinco años trabajando. Este enfoque no solo garantiza conocimiento real del lugar y acceso a las mejores condiciones, sino que también forma parte de un compromiso: aportar valor directo a la comunidad local, con la que la relación ya trasciende lo profesional.
Porque el Salar de Uyuni no es solo un destino. Es un lugar único que exige ser observado con tiempo, fotografiado con intención y vivido con respeto.
Itinerario
Salimos desde nuestro aeropuerto de origen, normalmente Madrid o Barcelona, con destino a La Paz. Desde allí, una conexión doméstica nos lleva hasta Uyuni, donde aterrizaremos al día siguiente a las 08:00 h, hora local, listos para comenzar la expedición.
Llegaremos a Uyuni en el primer vuelo de la mañana. Nuestros chóferes nos recogerán para llevarnos a descansar al hotel. Este será nuestro primer contacto con la altitud: 3.665m.
Durante las horas centrales del día nos iremos aclimatando con calma, guardando energía para la tarde. A las 17:30 h saldremos al Borde Colchani: sin presión fotográfica, simplemente observar, respirar y calibrar los ojos ante el horizonte infinito del salar.
Con luna al 18% ya hay cielo estrellado si el grupo tiene energía, aunque no es una sesión exigida.
El día 3 comenzará con nuestra primera mañana libre: tiempo para pasear por el pueblo, descubrir el comercio local y asomarse a las costumbres de Uyuni sin ninguna prisa.
Después de comer empezará una jornada larga e intensa. Saldremos al salar para fotografiar el atardecer sobre el agua: los reflejos, la luz que cambia de color por minutos, la sensación de estar suspendidos entre dos cielos. Cenaremos en el campo o de vuelta al hotel, y cuando oscurezca comenzará nuestra primera sesión de fotografía nocturna.
El objetivo de esta noche será trabajar el arco completo de la Vía Láctea reflejado en el agua del salar, y explorar las texturas y figuras que forma la sal en la superficie. Una primera toma de contacto con el cielo del hemisferio sur antes de las grandes noches que vienen.
El día 4 comenzará con una mañana tranquila: descanso tras la primera noche larga, backup del material en disco duro externo y tiempo libre para pasear por Uyuni.
Por la tarde nos dirigiremos al Cementerio de Trenes. Locomotoras y vagones del siglo XIX oxidados por el viento salado y la radiación UV del altiplano — las mismas máquinas que transportaron minerales de plata y estaño hacia los puertos chilenos cuando Bolivia todavía tenía salida al mar. Un lugar que desprende historia y textura en cada centímetro de metal corroído.
La luz entre las 15:00 y las 17:30 h es rasante y cálida, perfecta para trabajar con gran angular a nivel del suelo y teleobjetivo para los detalles de herrumbre. Al caer el día, las locomotoras se convierten en el primer plano perfecto para el atardecer, bien desde el propio cementerio o desplazándose al borde del salar.
Con luna al 4% la oscuridad llega rápido tras el crepúsculo. Si el grupo tiene energía, quedarse a hacer light painting sobre el metal oxidado con las estrellas de fondo es una de las imágenes más poderosas del viaje.
Todas las noches se podrá opcionalmente salir a hacer astrofotografía aunque no esté en el programa.
El día 5 empezará antes del amanecer. Saldremos con la oscuridad todavía encima para llegar al salar a tiempo de ver cómo el cielo abre en tonos naranja y rosa sobre el blanco infinito, de camino hacia la isla.
La Isla Incahuasi nos ocupará la mañana y la tarde completas. Cactus columnares de hasta 10 metros de altura y más de 1.200 años de antigüedad, creciendo sobre un banco de coral fosilizado en mitad del salar. Trabajaremos todos los ángulos: el paso entre los cactus con perspectiva extrema, las vistas al salar desde lo alto de la isla, las composiciones contra el cielo azul del altiplano. Si hay flamencos en los alrededores, también. Focal de referencia: 16–35mm para el contexto general y 70–200mm para los volcanes en el horizonte y los detalles de los cactus. El almuerzo será en la isla o directamente en el salar.
Al caer la tarde llegará posiblemente el atardecer más icónico del viaje: los cactus centenarios siluetados contra el cielo carmesí, y el blanco del salar recogiendo los últimos colores del día durante la golden hour.
Cuando oscurezca comenzará la segunda mejor noche del viaje, con tan solo un 1% de luna. Confirmaremos la opción en el momento según condiciones y energía del grupo: quedarse en la isla con los cactus como primer plano y la Vía Láctea ascendente —con light painting opcional—, o desplazarse al centro puro del salar para trabajar con horizonte de 360° y máxima apertura de campo. La temperatura bajará a −12°C / −15°C. Los calentadores de batería son obligatorios desde el primer momento.
Después de la larga jornada del día anterior el día 6 arranca con una mañana de descanso bien merecida. Tiempo para recuperarse, revisar el material y recargar energías para lo que viene por la noche.
La primera actividad del día es a las 17:30 h: salida al salar para fotografiar el atardecer. Esta noche coincide con la luna nueva exacta, lo que convierte las horas siguientes en la sesión más esperada de todo el viaje.
Trabajaremos las estructuras hexagonales de sal, los reflejos sobre el agua, el arco completo de la Vía Láctea y el cielo profundo del hemisferio sur en toda su extensión. Con 0% de iluminación lunar y el horizonte completamente despejado, el salar se convierte en el mejor observatorio natural del planeta. Una noche para fotografiar sin prisa, con intención y con el tiempo que haga falta.
Saldremos temprano en 4×4 hacia el sur de la Reserva Nacional Eduardo Avaroa. La ruta atraviesa uno de los paisajes más inhóspitos y cinematográficos del altiplano boliviano antes de llegar a la Laguna Verde, cuyas aguas toman un color entre esmeralda y celeste intenso por la alta concentración de minerales: cobre, arsénico y magnesio. Un color que parece imposible, y que cambia de matiz según el viento agite el sedimento del fondo.
Al amanecer sucede algo difícil de olvidar: el Volcán Licancabur (5.916m), con su cono perfecto nevado, se refleja en las aguas frías de la laguna. Una simetría natural que solo existe durante los primeros minutos de luz, cuando el viento aún no ha rizado la superficie. Junto a ella, la Laguna Blanca —de un color lechoso por el carbonato de calcio— ofrece un contraste cromático que refuerza todavía más la escena.
Es una de esas localizaciones que exigen llegar antes del amanecer y simplemente esperar a que la luz haga su trabajo.
El día 8 arranca con otra mañana de descanso. La última del viaje. Tiempo para revisar el material, hacer el backup definitivo y preparar el equipamiento para el regreso.
Por la tarde, para quien tenga energía, proponemos una excursión opcional al Árbol de Piedra y el Desierto de Dalí. Una roca volcánica de 7 metros esculpida durante milenios por el viento cargado de arena, con la base tan erosionada que la silueta parece desafiar la física. El desierto que la rodea —arena volcánica multicolor, lagunas turquesa, volcanes nevados en el horizonte— es el escenario más surrealista de toda la reserva. El tipo de paisaje que hace que uno se pare y mire sin saber muy bien por qué.
A las 17:30 h saldremos a fotografiar el último atardecer del viaje. Sin la presión de los primeros días, con el ojo ya calibrado y el material hecho: el mejor momento para disfrutar la luz con calma.
Cuando caiga la noche llegará también la última sesión nocturna. Con luna al 4% el cielo sigue siendo excelente. No es una noche para repetir lo ya fotografiado, sino para experimentar: composiciones que no se hayan probado todavía, light painting, encuadres distintos. La última noche siempre guarda alguna sorpresa.
Este día madrugaremos por última vez, pero sin cámara en mano. Tomaremos desde Uyuni el vuelo de regreso a nuestra ciudad de origen, cerrando así una expedición que, con toda probabilidad, habrá cambiado la forma de ver la luz, el silencio y el horizonte.
Tus guías
Fotógrafo profesional
Luis Miguel Azorín
Mi nombre es Luis Miguel Azorín y soy el creador de contenido detrás del canal de YouTube «Natural Portraits». Con una mente inquieta y un…
























