Una pasión por la naturaleza y la fotografía siempre ha estado presente en mi vida, aunque no siempre juntas. Mis recuerdos de infancia se dividen entre las jornadas de pesca en el río con mi padre y trepar a los cerezos con mi abuelo. Mi amor por la fotografía también viene de mi padre, que siempre llevaba una antigua cámara réflex envuelta en una curiosa funda de cuero marrón. De él recibí mi primera cámara, una Pentax Asahi Spotmatic SP II, que aún hoy sigue haciendo fotos excelentes.
Durante mi etapa en las Islas Canarias (1995–1999), comencé a experimentar con mis primeras fotografías artísticas. Sin embargo, el coste del carrete, el revelado y las diapositivas mantuvo esa pasión en pausa durante un tiempo. Años más tarde, gracias a Txemi —un auténtico naturalista y apasionado de la fotografía—, esas dos grandes pasiones finalmente se unieron, creciendo hasta convertirse en lo que hoy podría llamarse una pequeña obsesión.
A partir de ese momento, el aprendizaje fue constante: estudiar fotografías, leer libros y, sobre todo, jugar con la cámara. Mis influencias son muchas, desde fotógrafos locales que revelaron la belleza de nuestro entorno más cercano (Isabel Díez, Asier Castro, Rosa Basurto), hasta maestros de renombre internacional (Galen Rowell, José B. Ruiz, Mark Adamus).